viernes 27 de noviembre de 2009

Domingo 1º - ADVIENTO / 22 Noviembre 2009



EVANGELIO: Lucas 21, 25-28. 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

ACERCARNOS AL TEXTO

Para comprender este pasaje evangélico hemos de situarlo en su contexto. Lucas 21, 5-36 es una instrucción sobre el tiempo previo a la venida del Reino.

- Se suele llamar “discurso escatológico”, porque habla sobre los acontecimientos últimos y definitivos, sobre la última venida del Señor («eskhaton» = último, definitivo).

- Debido a que habla de la venida del Hijo del hombre con poder y gloria, se le designa también como “discurso sobre la parusía” («parusía» significa «presencia» y, en la literatura cristiana, designa la venida o manifestación gloriosa y definitiva de Cristo).

- Otras veces, por el lenguaje e imágenes que emplea, se le denomina “discurso apocalíptico” («apocalipsis» = revelación; «apocalíptico»: género literario en el que, a través de visiones que hablan de tribulaciones y cataclismos cósmicos, se nos revela la salvación y se proyecta ansiosamente la mirada hacia el futuro del que se espera llegue la liberación).

En este capítulo, Lucas, de una manera bastante sistemática, relata cómo el mundo antiguo es destruido y cómo el Hijo del hombre llegará, para ser reconocido universalmente como Señor. El evangelista señala varios momentos o etapas: comienza anunciando la destrucción del Templo (vv. 5-9), y la ensancha a la capital, Jerusalén (vv. 20-24); después, con brevedad, anuncia la destrucción del mundo y la parusía (vv. 25-28); y concluye invitando a descubrir y a valorar los signos de los tiempos (vv. 29-33), y a vivir despiertos y vigilantes (vv. 34-36). El pasaje que aquí comentamos corresponde a la última parte del capítulo, versículos 25-36.

Para hablar de la parusía, Lucas utiliza las imágenes estereotipadas de los anuncios proféticos sobre el juicio final tal como lo describen Miqueas, Jeremías y Ezequiel. A pesar del lenguaje apocalíptico y catastrófico, la venida del Hijo del hombre (alusión a Dn 7,13) es un gran acontecimiento de liberación. Por eso, la ACTITUD del cristiano ante el fin es la ESPERANZA y no el temor; es la VIGILANCIA y no el embotamiento.

Al leer este capítulo evangélico es útil recordar que en esta materia Jesús tuvo más o menos las mismas creencias que sus contemporáneos, y que vivió pensando que la hora final del mundo estaba próxima. Pero, como Él mismo dijo, expresamente y en parábolas, lo importante no es la hora ni el cómo de la manifestación del Reino, sino su presencia en medio de los hombres de aquí en adelante. Lucas, al separar la destrucción del Templo y de Jerusalén del anuncio de la venida del Hijo del hombre, parece retrasar la parusía y advierte a la comunidad cristiana cómo hay que vivir el presente.

Este texto evangélico es una clara advertencia a los que esperaban impacientemente la vuelta del Señor, descubriéndoles que a la comunidad le toca vivir un tiempo de testimonio. Existía el peligro, en la corriente de entusiasmo apocalíptico, de perder el contacto con la realidad histórica y cotidiana, y esperar todo de la venida del Señor.

Pero Lucas parece decir a la comunidad que, si el Señor ha vencido a la muerte y ha resucitado, ya ahora podemos encontrarlo, pues está presente, aunque oculta y sacramentalmente, en el mundo. Así pues, la finalidad de este discurso, en Lucas, no es tanto describir acontecimientos que van a suceder en el futuro, como dar a los creyentes de su comunidad la fuerza y el coraje para que puedan vivir y dar testimonio del seguimiento de Jesús como buena noticia, a pesar de las pruebas y dificultades, en este tiempo, aquí y ahora.

REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

Podemos afirmar que Jesús fue un creador incansable de ESPERANZA. Toda su existencia consistió en contagiar a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser. Hoy escuchamos su grito de alerta: «Levantaos, alzad la cabeza; tened cuidado, no se os embote la mente». Estas palabras no han perdido actualidad, pues las personas seguimos matando la esperanza y embotando nuestra existencia de muchas maneras. Y no pensemos sólo en los que, al margen de toda fe, viven según aquello de «comamos y bebamos, que mañana moriremos», sino en quienes, llamándonos cristianos, podemos caer en una actitud no muy diferente.

Nuestra cultura, la nuestra, sufre de una “patología de la abundancia”, y en la que, tantas veces, el objetivo único de la vida es la satisfacción de las apetencias, y para ello se encierra en un disfrute “a tope” de ese bienestar, y ahí fácilmente muere la ESPERANZA. Entonces la frivolidad y la superficialidad lo invade todo; los problemas serios de la vida “se aparcan” como inútiles e inservibles, o en el mejor de los casos, se dejan como “diversión” para los “utópicos y soñadores”. El presente les satisface y... basta. En realidad, para ellos, “el cielo” es ya este mundo y a toda costa lo quieren mantener y para ello están dispuestos a cualquier esfuerzo.

Pues precisamente ante esta situación, hoy resuenan las advertencias de Jesús: “no se os embote la mente...” y la llamada a liberarse “despertando”, para así aprender a vivir de manera más lúcida, más consciente y empeñados en la tarea: “levantaos, alzad la cabeza...”. Nunca es tarde para escuchar esa llamada de Jesús a vivir vigilantes y discernir, despertando de tanta frivolidad y asumiendo la vida de manera más responsable.

A los cristianos se nos ha acusado frecuentemente de falta de realismo al refugiarnos en una actitud de esperanza que todo lo deja para el futuro o el más allá. ¡Hay que ser realistas!, se nos dice una y otra vez. Si vivimos de recuerdos, nos estamos remontando a un pasado que ya no existe; si nos dejamos llevar por la esperanza, empezamos a soñar en un futuro que todavía no existe. Aprendamos a enfrentarnos con lucidez y valentía al momento presente, única realidad que tenemos ante nosotros...

El creyente no puede menos que escuchar con inquietud esta interpelación. Pero para él la esperanza no es una ilusión engañosa. Al contrario, si vive con esperanza es porque quiere tomar en serio la vida en su totalidad, y porque quiere descubrir todas las posibilidades que en ella se encierran para el futuro del ser humano. Precisamente, porque quiere ser realista hasta el final, no se aferra a la realidad tal y como es hoy, ni se instala en esta vida como algo definitivo. Al contrario, se acerca a la vida como algo inacabado, algo que es necesario construir con esperanza. La esperanza cristiana es el entramado de la vida. Según como esperamos, así somos: creyentes o escépticos, creadores o conservadores, comprometidos o frívolos.

Por eso, la verdadera esperanza ni embota ni adormece, sino que nos desinstala y nos pone en pie. La esperanza cristiana no es la espera pasiva de los no comprometidos, ni la espera interesada de los bien situados, sino la espera creadora de los comprometidos en favor de una sociedad más justa y fraternal. Cuando se espera de verdad la liberación, comienzan a doler más las cadenas. El que espera la justicia y la igualdad para el ser humano, no aguanta ya esta sociedad tan injusta y desigual. El que cree de verdad en el Reino, siente necesidad de luchar por cambiar la tierra, porque la esperanza cristiana pasa a través de las genuinas esperanzas humanas.

COMPROMISO DE VIDA

En este comienzo del Adviento, se nos propone estar “despiertos” y “vigilantes” como las ACTITUDES más coherentes de nuestra condición de creyentes.

- Me propongo EXAMINAR mi vida y tomar conciencia clara de mi situación personal: con “vida” o “sin vida”; frívolo y acomodado, o inquieto y despierto; nadando en la abundancia, o comprometido y solidario...

- Ahora mismo, ¿qué estoy haciendo (acciones, campos de compromiso y voluntariado, o...) para expresar que soy hombre/mujer de esperanza, esto es, que creo en un mundo mejor, más humano, más según los planes de Dios...?

- Tres semanas nos llevarán a la Navidad ¿Qué me planteo para vivir estas fechas con un SENTIDO cristiano...?

- Utilizaré cada día de esta semana, la ORACIÓN que se me ofrece, para ponerme “en marcha” en este tiempo de Adviento.


PREGON DE ADVIENTO


DIOS ESTÁ CERCA

¡Vamos, levantaos, se acerca vuestra liberación!
Hay signos a vuestro alrededor.
¿No los veis en el barrio, en la fábrica,
en la comunidad, en vuestra propia casa
y en vosotros mismos sin ir más lejos?
Restregaos los ojos, mirad con esperanza el horizonte,
escuchad las buenas nuevas, dejaos despertar por la brisa.
¡Dios está cerca!

¡Venga, levantaos, alzad la cabeza!
La gente se angustia por todo y anda sin aliento,
dando tumbos de acá para allá, viviendo sin vivir,
echando a perder su vida.
Se desvive en fuegos fatuos, en espejismos de desierto,
en vagas añoranzas. Recobrad el aliento.
¡Dios está cerca!

¡Ánimo, levantaos y permaneced despiertos!
No se os embote la mente o se desboque el corazón
con tanta preocupación sobreañadida:
qué os pasará y qué haréis,
cuánto ganaréis y cuánto gastaréis,
cuándo sucederá y por qué,
cómo escaparéis de la red de la moda
o de la fiebre de las rebajas.
Nadad contra corriente.
¡Dios está cerca!

¡Hala, levantaos y poneos en marcha con ilusión renovada!
Otead el horizonte. Vivid atentos a los susurros,
a los lloros, gritos y risas de la humanidad entera.
Dios está cerca.
Brotad a la vida. Dejad lo vano y lo estéril.
Pedid fuerza para la espera.
¡Dios está cerca!

domingo 8 de noviembre de 2009

Cuento-Parábola

Las cuatro velas

Cuenta un anciano que entró en la iglesia del pueblo y observó que las cuatro velas que estaban encima del altar se quemaban lentamente. Había tal silencio que pudo oír el diálogo que mantenían. La primera dijo: «¡YO SOY LA PAZ! Pero las personas no consiguen mantenerme viva. Creo que me voy a apagar». Y disminuyendo su fuego rápidamente, se apagó por completo. Dijo la segunda: «¡YO SOY LA FE! Lamentablemente a los hombres les parezco superflua. Las personas no quieren saber de mí. No tiene sentido permanecer encendida».

Cuando terminó de hablar, suavemente se apagó. Rápida y triste, la tercera vela se manifestó: «¡YO SOY EL AMOR! No tengo fuerza para seguir encendida. Las personas me dejan a un lado y no comprenden mi importancia. Se olvidan hasta de aquellos que están muy cerca y les aman». Y sin esperar más, se apagó. De repente... entró un niño y vio las tres velas apagadas. «Pero, ¿qué es esto? Deberíais estar encendidas hasta el final». Al decir esto comenzó a llorar. Entonces la cuarta vela habló: «No tengas miedo, mientras yo tenga fuego, podremos encender las demás velas. ¡YO SOY LA ESPERANZA!». Con los ojos brillantes, agarró la vela que todavía ardía y encendió las demás.

REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

Hoy en día, nuestra humanidad está sumida en una crisis que hace tambalear hasta los mismos cimientos. Muchas personas y familias están padeciendo de lleno las consecuencias de cuanto está sucediendo. Todavía no se ve la “salida del túnel”. Y no solamente eso, sino que cada día son más las voces que piden un cambio estructural profundo, que haga posible otro planteamiento distinto: más humano, más justo, más solidario, más igualitario.

El otro día, viajando en tren, reflexionaba sobre esta realidad. En esto, tomé un libro en mis manos y me encontré con este cuento-parábola. Me esponjó el espíritu; despertó en mí el deseo de seguir luchando y me propuse “despertar” la la ESPERANZA. Al final ya del Año Litúrgico (esto es, el día 28 de noviembre) y al comienzo del nuevo, los creyentes descubrimos que el motivo para la ESPERANZA la tenemos en la presencia del Señor Jesús en medio de nosotros, como el acompañante fiel. Él nos ofrece motivos sobrados para esa esperanza. ¡Cuestión de creerle! ¡Cuestión de acoger su proyecto! ¿Nos animaremos?

QUE LA ESPERANZA NUNCA SE APAGUE DENTRO DE NOSOTROS...

COMPROMISO DE VIDA

- ¿He crecido, como creyente, en este Año Litúrgico que vamos a terminar el 28 de noviembre?
- ¿Cómo me propongo vivir la NUEVA OPORTUNIDAD que supone el nuevo año?.
- ¿De qué tipo y calidad de Esperanza soy hoy mismo TESTIGO?

sábado 7 de noviembre de 2009

Olentzero, el mito del Nochebuena

Introducción
El personaje del Olentzero es una figura mitológica del País Vasco y que en los últimos lustros ha tenido una fuerte difusión y una pujante eclosión folklórica. Si bien la hipótesis más extendida es que el origen de Olentzero es anterior a la cristianización del País Vasco, no cabe duda que el “personaje del Olentzero debe ser ubicado dentro de las celebraciones del solsticio de invierno y el renacimiento de la naturaleza y del sol”.
El cristianismo adaptó las costumbres locales anteriores a sus nuevas creencias. El personaje del Olentzero se habría convertido en el anunciador de la noticia del nacimiento de Jesús. Se dota al personaje de un significado cristiano y hogareño acorde con las enseñanzas de la Iglesia. En el siglo XX la figura de Olentzero incorporó elementos de las tradiciones del Papá Noël-Santa Claus y de los Reyes Magos, convirtiéndose en un personaje que el día de Navidad trae regalos a los niños. Su historia se ha enriquecido con relatos e iconografía contemporánea.
En la leyenda guipuzcoana el Olen-tzero es ese personaje pagano (convertido a cristiano) que baja al pueblo anunciando la llegada de Cristo. Desde ese día es el personaje que entre los vascos representa y simboliza la Navidad.

Orígenes

El mito del Olentzero tuvo su nacimiento y florecimiento fundamentalmente en el sur de Francia. De allí, a través de las diócesis de Bayona, que se internaba desde muy antiguo en las actuales provincias de Guipúzcoa y Navarra, se difundió por zonas de Fuenterrabía, Oyarzun, Pasajes, Irún, Andoain, Tolosa, Lesaca, Leiza, Vera, etc. El área de difusión de la fiesta y creencias ligadas con el personaje es, pues, muy pequeña: ocupa el E. de la provincia de Guipúzcoa y parte de la costa, hasta Zarauz. En Navarra, parte de la cuenca del Bidasoa y sus afluentes con limitaciones y excepciones, y los valles de Larraun y Araquil. Hoy el mito del Olentzero, a través de la televisión y la escuela, se ha ido difundiendo a las otras provincias vecinas. Si la fiesta de la Virgen de la O es típicamente española, la fiesta de “les oleries” se ha celebrado en Francia particularmente, con formas dignas de estudiarse.
Por ejemplo, la tierra de La Brie (año 1933), cerca de París, en el período del Adviento en que cantan las antífonas, los muchachos cantores de las parroquias rurales llevan en triunfo cada día al camarada encargado de cantar la O correspondiente, en casa del cual son obsequiados. Esta fiesta se hallaba muy extendida en otras partes de Francia.

Las Antífonas de la “O”

Su verdadera y auténtica etimología nos lleva a relacionar el nombre de Olentzero con los cantos que se realizaban en la liturgia cristiana-visigótica (siglos VII-VIII) entre los días 17 y 23 de diciembre que comenzaban con la vocal “O”. Estos cantos no eran otra cosa que las Antífonas mayores que se entonaban antes del Magnificat, en honor a la Madre que espera al hijo. Dichas antífonas, que conocemos con el nombre de “antífonas de la O”, comenzaban el 17 de diciembre y eran el “O Sapientia” (día 17), “O Adonai” (día 18), “O radix” (día 19), ”O clavis” (día 20), “O Oriens” (día 21), “O rex” (día 22), y “O Emmanuel” (día 23).
Se han mantenido vivas a lo largo de muchos siglos y han ayudado a muchas generaciones a vivir con un profundo sentido espiritual la preparación de la fiesta de Navidad. Todas en su conjunto eran llamadas Olerías, y cada día un miembro de la escolanía era el encargado de cantar la correspondiente antífona.
En cuanto a las formas “olen”…Olen-tzero; “oren”…Orentzero; “onen”…Onen-tzero, etc. escrito de diferentes formas según las comarcas, parece que en su totalidad se han de relacionar con el viejo nombre francés de “oleries”, de modo directo, teniendo en cuenta las alternativas de un muy posible proceso analógico.
Dichas antífonas, conocidas desde tiempo inmemorial en Francia como les O de Nöel, en la Edad Media fueron denominadas les oleries para designar la época o tiempo de las O (que por cierto en vascuence se traduce Olentzaro-a), darían lugar a una serie de costumbres curiosísimas, como por ejemplo que en el período de Adviento en que se cantan, los muchachos cantores de las parroquias rurales llevasen en triunfo cada día al camarada encargado de entonar la antífona O correspondiente, y en su casa serían obsequiados.
Con el tiempo, la muchachada de las escolanías, terminado su oficio, llevaría a cabo otras de tipo profano, de cuestación y aguinaldo, que en el País Vasco, por cierto, se harán con la participación de un muñeco al que llevan en triunfo, sustituyendo al camarada al que hemos aludido, y en el que quieren personificar al mítico Olentzaro en el papel de principal pedigüeño. El maniquí que lo personifica se supone carbonero de profesión, con la cara tiznada y una hoz en la mano.
Terminada la cuestación, el Olentzaro es quemado, circunstancia ésta que le vincula a otras personalidades no cristianas, o a una determinada simbología, como el Padre Invierno, que es expulsado el Año Viejo, al que se da muerte, el tronco de Navidad e incluso diversos personajes étnicos-agrarios de la mitología popular. El Olentzero, con el pasar del tiempo ha tenido una tremenda traslación de funciones que afectan por igual a esta tradición, que ha unido en sus estructuras toda una serie de distintos factores tradicionales sin posible conexión. Es burlesco y agresivo, atacante y víctima, cristiano y pagano a la vez, divertido y amenazador, solitario o emparejado. Pero, en cualquier caso, es un elemento imprescindible en los acontecimientos festivos de invierno en toda la zona nororiental del País Vasco, extendido actualmente mucho más allá de sus fronteras estrictas.

Plantas medicinales ( 13 )



Escrito por Albert Roland Morales

Hinojo

Nativo del Mediterráneo y sur de Europa. Puede consumirse crudo o cocido. Rico en fibra, vitaminas, proteínas, grasas e hidratos de carbono. Abre el apetito, es estimulante y digestivo, aumenta le leche en las madres. La infusión de la raíz desecada del hinojo, tomada por tres veces al día, combate las diarreas. La infusión de raíces frescas tiene efectos diuréticos. En infusión, las semillas combaten la tos. No se puede exceder su consumo, pues puede provocar aborto. En cataplasma disuelve las obstrucciones de las mamas y las vuelve elásticas. La infusión es vermífuga y hace dormir a los niños. En cataplasma cura los dolores de vientre. Antiespasmódico, estimulante y antirreumático.

Con las semillas en infusión se eliminan gases intestinales. El cocimiento de la raíz ayuda a eliminar líquidos y actúa como relajante muscular. Es expectorante, por lo que alivia la tos crónica. Se usa para evitar la flatulencia, igual que el eneldo, cilantro, anís, perejil y el apio silvestre. Fortifica los nervios y se usa en casos de asma e inflamaciones de los ojos.


Laurel

La hoja se usa en la cocina; regula la menstruación, es digestivo, astringente y tonificante; elimina la flatulencia. En infusión fortifica los nervios. Agregado al baño, elimina el insomnio, reduce el sudor y el olor de los pies. En cataplasma alivia contusiones y dolores reumáticos. Con las hojas se prepara un baño que combate la fatiga.

Orégano


En infusión calma las afecciones de las vías respiratorias. En gargarismos cura la laringitis y la amigdalitis. Es tónico estomacal, estimulante de la bilis y ayuda a expulsar los gases intestinales. Diurético y digestivo. Se usa como expectorante en catarros, bronquitis y en el asma; contra la anemia, el reuma y dolores de muela y oído. El olor del orégano ahuyenta las culebras.

viernes 6 de noviembre de 2009

Araba, Zazpigarren Alaba


A. Zabala


Araba, zazpigarren alaba”, kantatzen dugu. Eta zazpigarren alaba asko aldatu da. Garai bateko erriak ez dira leengoak. Eta iriak beste itsura batekin agertzen dira. Ala ere “zazpigarren alaba” dela kantatuz jarraitzen dugu.


Erri txikiak egunetik egunera txikiago. Jendea atzo baiño zaa-rrago eta iñoiz baiño bakartiago. Ez da ezer berdin eta antzeko.

Patxada eta pakea, isiltasuna eta natura… zer geiago nai? Baiña ez da ezer berdin.

“Zazpigarrenaren alabak” zerbait geiago nai luke, nork emango dio, ordea, falta duen ori?

Gazteak ies egin dute; adiñeko jendea bakarrik geratu da errietan.

Negua astuna gertatzen da eta nekez berotzen du eguzkiak. Egunak luze eta gauak luzeago dira erri txikietan.

Bellojin… Nograro… Karka-mo… Karanka… Pinedo… Kejo… Tobillas… zein da zuen aingeru guardakoa? Nork zainduko zuek? Iñor urreratuko ote zuengana? Zuen errietako kanpai otsak oso bide motza du.

Soroak, mendiak, zuaitzak, etxeak… ez dute orain urte batzuetako indarrik eta dotoretasunik. “Zazpigarren alaba… oi Araba”, kantatzen jarraitzen dugu baiña gure eztarriak ia-ia leortu dira.
“Zazpigarren alabak” une honetan baditu berrogei erri dozena bizilagunetara iristen ez direnak. Eta bada erri bat(?) pertsona bat bakarraren izena errolda zerrendan agertzen dena.

Olentzerok edo Erregeek ba-dute zer bisitatu eta nor animatu!

El Proyecto del Evangelio en mi vida

Texto Evangélico :Juan 18, 33b-37
( 22 noviemmbre, Jesucristo, Rey del Universo )

"En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz»."

Acercamiento al texto

El relato plantea una cuestión de fondo y que el “discípulo amado” quiere destacar: la REALEZA de JESÚS. La dramatización del proceso se mueve en dos planos: en uno, expresa lo que el evangelista ve de trasfondo; reina la calma y se reconoce la inocencia de Jesús; en otro, plasma lo que se ve externamente: se respira odio y violencia con la única preocupación de declarar culpable a Jesús.

El contenido es de tipo teológico. Jesús sale frecuentemente al paso de equívocos y malentendidos, tanto en sus discípulos como entre la gente; y, en cierta ocasión, hasta tiene que huir para no ser nombrado rey (Jn 6, 15). El interés sobre la autoridad y el poder alcanza su máximo grado de tensión en la pregunta de Pilato: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Pero... ¿en qué consiste la “REALEZA de Jesús”? El núcleo del mensaje de Jesús es el Reino de Dios. Su Dios es el Dios del Reino; aquel que tiene una palabra y una intervención sobre la historia humana. Ante Pilato, Jesús afirma claramente su realeza, su misión mesiánica, y explica la calidad de su mesianismo (tema que ha ido apareciendo a lo largo del evangelio y que ha dado lugar a equívocos por parte de los discípulos y de las multitudes).

Para los romanos, «rey» era sinónimo de emperador o jefe con todos los poderes. Para los judíos, el Mesías era el rey esperado que habría de humillar a los paganos e instaurar el reino de Israel. Jesús acepta el calificativo de “REY”, pero en un sentido totalmente distinto del de los romanos y judíos. Su realeza responde al proyecto de Dios sobre el ser humano y la sociedad. El Rey Mesías es el defensor del pueblo, el que imparte justicia y defiende a los débiles.

Así, Jesús es rey, a lo largo del evangelio, porque alimenta a los pobres, cura a los enfermos, expulsa a los demonios, implanta la justicia, practica el servicio, rechaza el dominio y la violencia, da testimonio de la verdad y se entrega hasta el final a la causa del Reino. Así ejerce su mesianismo y realeza: subvirtiendo los valores de esta sociedad. Por eso, su realeza no tiene nada que ver con la de los reinos de este mundo. Para realizar su obra no se apoya en la fuerza ni ejerce el dominio; los que lo sigan lo harán libremente.

El otro elemento clave del relato evangélico de hoy se resume en esta afirmación de Jesús: «Mi reino no es de este mundo». Con frecuencia la frase «mi reino no es de este mundo» ha servido para reforzar una visión espiritualista, como si la fe no debiera inmiscuirse en las cosas de este mundo. En el fondo se piensa que, cuanto más entregado vive uno al Reino de Dios, menos debe comprometerse en asuntos políticos, económicos o sociales. El Reino de Jesús no es como el que Pilato conoce, un reino de arbitrariedad, privilegios y dominación; su Reino es de justicia y servicio.

También es necesario destacar la propuesta del mismo Jesús: “Ser testigos de la verdad”: el SERVICIO como la única forma válida. Así lo asume y vive el mismo Jesús. Por eso, “todo el que es de la verdad escucha mi voz”

Reflexiones para nuesra vida de creyentes

Finalizar el Año Litúrgico contemplando a Jesús en esta realeza tiene su enorme importancia: dejando en claro que la CLAVE de Jesús es muy diferente de lo que se vivía, tanto en su pueblo como en los dominadores. Quien quiera ser su seguidor, se esforzará en vivir una serie de comportamientos y actitudes que van construyendo el Reino de Dios.

No podré eludir la propuesta de Jesús: “Yo soy rey... para esto he nacido y he venido al mundo...”. Hasta aquí no hay nada especial. La diferencia, hoy y para mí (y para nosotros) es cuando él mismo explica lo que entiende por “ser REY”: su realeza se entiende como SERVICIO, como ENTREGA, especialmente a favor de los débiles, a favor del pueblo. Aquí está la clave a la que ha querido conducirnos el “discípulo amado”: Jesús, voluntariamente, se entrega a favor de los demás, hasta el punto de gastarse en el servicio, “entregando su vida” para recuperarla, como el “grano de trigo que cae en tierra” para dar nueva vida. Es la clave.

“Ser testigo de la verdad”, de esta verdad, es la propuesta que nos deja delante de los ojos a todos sus seguidores. También a nosotros, hoy continuadores de su MISIÓN. Eso sí: sólo con ese “estilo” será posible; la fuerza y el dominio no entran en su forma de actuación.

Compromiso de Vida

1. Con este domingo, terminamos el Año Litúrgico. Hemos rastreado las huellas de Jesús, hemos podido comprobar cuáles son sus claves, su estilo y sus propuestas. ¿He creci- do como creyente a lo largo de estos meses? ¿En qué se me nota?

2. ¿Qué me propongo a partir del 29 de noviembre (que comienza el nuevo Año Litúrgico), y en el que volveremos a recorrer esa historia de amor por parte de Dios, y que es una Historia de Salvación? ¿Me planteo algo especial y concreto?