miércoles 27 de enero de 2010

“Ningún profeta es bien mirado en su tierra"



Domingo 4º - T. ORDINARIO
28 de enero 2007

EVANGELIO: Lucas 4, 21-30

" En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
- «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían:
- «¿No es éste el hijo de José?».
Y Jesús les dijo:
- «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a tí mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».
Y añadió:
- «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio».
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. "



ACERCARNOS AL TEXTO

En este relato evangélico hay una afirmación clave, con contenidos profundos, que necesitamos tenerla muy en cuenta a la hora de acercarnos a su mensaje y descubrir cuanto en él se nos quiere ofrecer: “Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este pasaje...”.

- «Hoy, en vuestra presencia...»: Estas palabras recuerdan el anuncio del ángel a los pastores: «Hoy os ha nacido un salvador» (2, 11). La salvación de Dios ya es una realidad para cada ser humano y para cada pueblo. Es acontecimiento vivo, y no simple promesa. Dios es presencia liberadora por medio de Jesús, aunque éste sea hijo de José, uno como nosotros. Ya no hay más profecías. Éste es el tiempo de la liberación, de la presencia viva del salvador, del cumplimiento de las promesas de la bondad y misericordia de Dios.

- «Se cumple...»: La buena noticia de Dios, que es salvación y liberación, no solamente debe ser anunciada con palabras, sino sobre todo cumplida y realizada. Evangelizar es cumplir y realizar la salvación. Por eso, tras esta escena programática, Lucas nos presenta a Jesús liberando a endemoniados y curando a enfermos, leprosos y paralíticos. El evangelio hay que vivirlo y actualizarlo. Tiene que ser, antes que nada, un acontecimiento visible y palpable para que pueda ser notificado y comunicado. Si no, lo podemos convertir en palabra vacía y alienante.

- «Este pasaje...»: Quién es Jesús, cuál es la identidad del Mesías, qué salvación y buena noticia trae, queda resumido en la frase del profeta Isaías y en su actuación. El Evangelio no es subjetivo ni queda al gusto de cada uno. Según Jesús, y algo debe saber al respecto, el núcleo del evangelio es ser «buena noticia para los pobres, libertad para los presos, liberación para los oprimidos, luz para los ciegos... y para todos, el año de gracia del Señor». He aquí lo que es el Evangelio. He aquí los límites, el alcance, el sentido y el objetivo de la misión de Jesús, de la misión de la Iglesia y del seguidor de Jesús.

Otro dato muy a tener en cuenta en este relato, que se olvida frecuentemente y que cuesta aceptar: el mensaje de Dios llega desde la MARGINALIDAD. Jesús lo recuerda en su pueblo, a sabiendas de que ello le iba a acarrear conflicto y menosprecio. Ante la multitud nacionalista y cegada en sus pretensiones, recuerda hechos del pasado... El gran profeta Elías no fue enviado a alguien que perteneciera al pueblo judío sino a una viuda de un país pagano (vv. 25-26). Y lo mismo ocurre con el discípulo de Elías, Eliseo, que sana a un leproso, pagano también y, por consiguiente, menospreciado por los oyentes de Jesús, y no a un miembro del pueblo escogido (v. 27). Los conciudadanos de Jesús entienden el mensaje y se enfurecen, lo echan del pueblo y buscan despeñarlo.

Sus paisanos no pueden creerle. Saben que Jesús es el hijo de José (v. 22), y esto les impide ver más allá de las apariencias. En el fondo sólo quieren espectáculo y prebendas. Pero el don de Dios llega a través de ropajes humildes e inesperados. Aquellos que pretenden saberlo todo no están dispuestos a aprender, menos aún si la enseñanza viene de alguien cuyo valor, por mezquindad y envidia, no se quiere reconocer. «Ningún profeta es bien mirado en su tierra», dice Jesús en frase lapidaria (v. 24).

En Nazaret, Jesús soporta su primera prueba: sus paisanos no pueden comprender que el Mesías no asuma los ideales nacionalistas político-religiosos; que sea el «hijo de José», uno como ellos con poco aspecto de hombre iluminado y celestial; que no haga milagros ni atienda a sus expectativas; y, encima, que les provoque. La escena narrada por Lucas también es programática en su final: «Mientras oían aquello, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del cerro donde se alzaba el pueblo, con intención de despeñarlo» (vv. 28-29).

De hecho, al final de su vida, lo sacarán «fuera» de la ciudad de Jerusalén y lo ejecutarán, porque su mensaje estorbaba a unos y a otros. Al fin todos se pondrán de acuerdo contra él. Ya se veía venir... desde el principio. «Pero Jesús, abriéndose paso entre ellos, se alejó» (v. 31). Este final es una clara referencia a su resurrección y al triunfo de la buena noticia. Ya nunca se podrá ahogar su clamor universalista. Su persona y su mensaje continuarán influyendo en la historia, encarnándose en hombres y mujeres que, fieles a su compromiso, acogerán la liberación de Dios y la cumplirán creando pequeños oasis de justicia, solidaridad y fraternidad.

REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

En este relato evangélico, frente a frente, se encuentran dos maneras de entender a Dios y su acción en la historia. Los de Nazaret buscan la acción espectacular y extraordinaria de Dios, que se impone, aunque sea en forma de milagro, además de vengativa, respecto a los enemigos; eso esperaban y no quieren sucedáneos. De ahí que no pueden aceptar otras formas y estilos. Además... Jesús es el “hijo de José”: lo conocían de sobra.

Y la otra forma de entender a Dios es la que Jesús ofrece, precisamente en nombre del mismo Dios: con apariencia pobre, encarnada, Dios está presente en Jesús: “Hoy se cumple esta Escritura...” y está como quien anuncia un Evangelio, dirigido a los más pobres y marginados, a cuantos sienten un ansia de vida, vida que tiene su fuente en Dios mismo. Pero no se impone ni aplasta, sino que ofrece... Le acogen quienes no se escandalizan de las apariencias pobres y están abiertos a la novedad.

Este cuadro de Nazaret es como un espejo para nosotros, creyentes y seguidores de Jesús, HOY. Aceptar a un Dios pobre, que se ofrece, que se hace cercano y compañero de camino... no es tan sencillo como pueda parecer. Nos gusta que sea de “otra manera”, más grande y poderoso y que, además, nos “saque las castañas del fuego”. Una especie de Dios mágico y con mucha “arte” para que nos solucione las cosas. Éste fue el sueño de los de Nazaret. ¡Quién sabe si también el nuestro...!

Jesús, la presencia viva de Dios entre nosotros, se dedica a liberar a los endemoniados, a curar enfermos, leprosos y paralíticos y a liberar a los oprimidos. Es su MISIÓN. ¡Cuántas veces lo olvidamos o, al menos, lo “aparcamos” para no complicarnos la vida! Pero... con todo, su Misión está clara y definida, si la queremos leer adecuadamente. O... ¿no?

COMPROMISO DE VIDA

“Parecerme” cada día más a Jesús es el objetivo que tengo como creyente, para así poder anunciar, -no sólo con palabras, sino con hechos y acciones-, la Buena Noticia que Dios quiere para TODOS los hombres

- Escogeré cuatro o cinco palabras claves que definen la “BUENA NOTICIA” que yo vivo y que intento plasmar en el caminar de cada día.

- Descubriré en mi vida tres o cuatro acciones en los que hago realidad esa Buena Noticia, al estilo del mismo Jesús.

- Con la celebración de este domingo nos introduciremos en el mes de febrero, el mes que nos va a meter de lleno en la CUARESMA: reflexionaré sobre mi vida e iré concretando cómo vivir este tiempo cuaresmal, como “tiempo de preparación”.

- Utilizaré la oración “PROMESAS DE HUMILDAD”, que se me ofrece a continuación, hasta hacerla mía, de modo que se convierta en mi estilo de vida y de acción.


ORACIÓN para esta SEMANA

PROMESAS DE HUMILDAD

Jesús, prometo escucharte y seguirte
cuando me hables, de día o de noche,
a través de las palabras y la vida de la gente
que encuentro nada más salir a la calle.

Jesús, prometo no apegarme a lo mío,
a mi manera de ver y entender,
a mis miedos, seguridades y verdades,
para poder descubrir mejor tu novedad.

Jesús, prometo andar con humildad,
con los ojos del cuerpo y del espíritu bien abiertos
para descubrir tu paso, tus huellas, tu figura
en el acontecer vivo y cotidiano de la historia.

Jesús, prometo enterrar mi orgullo y vanagloria,
estar atento a los profetas de dentro y de fuera,
dejarme ayudar, curar y amar,
para gozar y sembrar tu buena nueva.

Jesús, prometo no aferrarme a mi tierra,
no defender privilegios que otros no puedan alcanzar,
ver tus signos donde tú quieras
y no gastar energías en vanas peleas.

Jesús, prometo no ser amigo de normas y dogmas,
no empujar a nadie por caminos yermos,
pararme junto a los que están en esquinas y aceras
y llamar siempre a las puertas de tu misericordia.

Jesús, prometo callar y escuchar,
ver y contemplar, seguir y obedecer,
aunque me parezca pequeña y sin brillo,
tu presencia pobre en medio de los pobres.

miércoles 20 de enero de 2010

“El Espíritu del Señor está sobre mí”



Domingo 3º - T. ORDINARIO
21 de enero 2007

EVANGELIO: Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

"Excelentísimo Teófilo:
Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista.
Para dar libertad a los oprimidos;
para anunciar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:
- «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».

ACERCARNOS AL TEXTO

El texto evangélico de este día recoge diversos momentos: primero, el comienzo del Evangelio de Lucas; después, describe en general la actuación de Jesús en Galilea; y por último, nos narra el acontecimiento de la visita de Jesús a Nazaret. Es importante tener en cuenta estos detalles para ubicarnos y entender en toda su profundidad el mensaje que se nos ofrece.

Lucas quiere ayudar a su comunidad a descubrir y comprobar la validez de las enseñanzas y para ello ofrece unos datos históricos que avalan cuanto está narrado acerca de la persona y obra de Jesús. Y lo primero que destaca es su optimismo sobre la actividad de Jesús en Galilea. Si bien, lo acontecido en Nazaret, ensombrece esa impresión general. El hecho ocurre nada menos que en la Sinagoga, lugar de culto de los judíos en cada pueblo, ya que sólo tienen un templo, en Jerusalén. En este lugar significativo para la espiritualidad judía es donde Jesús proclamó cómo entiende su misión, siguiendo la mejor línea profética.

Por lo tanto, este relato es fundamental en el evangelio de Lucas. Lo pone al comienzo de la actividad pública de Jesús para dejar bien claro desde el principio cuál es el proyecto que Jesús intenta llevar adelante: proyecto de liberación; esto es, proclamar la buena noticia a los pobres y el año de amnistía de Dios (apoyándose para ello en las palabras e intuición del profeta Isaías).

La actividad misma de Jesús se inicia en torno al lago y especialmente en Cafarnaún; y al parecer lo hizo con éxito, pues “su fama se extendió por toda la comarca y todo el mundo hablaba bien de él” (4, 15). Y, con todo, Lucas presenta la visita a Nazaret como el primer hecho importante de la vida pública de Jesús (en los otros evangelios, este pasaje es colocado mucho más tarde). Lucas, de forma intencionada lo coloca al principio porque quiere dar una síntesis de lo que va a ser el mensaje y la vida de Jesús.

Se nos dice que Jesús es el Ungido, el Mesías, pero no un Mesías político, sino un Mesías para los pobres y de los pobres, que trae la liberación y la justicia para los necesitados y oprimidos. Por lo tanto, se cumplen las esperanzas de Israel: “Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este pasaje” (v. 21). Pero Israel (también Nazaret), esperaba otro tipo de Mesías, más favorable a sus intereses. Por eso reaccionan de forma violenta contra Jesús. Y es que Jesús, al proclamar el texto de Isaías, silencia el último verso que todos esperaban, y que decía: “el día de desquite (venganza) de nuestro Dios”. Por lo tanto, Jesús empieza a hablarles de la inauguración del “año de gracia del Señor”; eso sí, omitiendo cualquier referencia al castigo/venganza contra los opresores. De ahí que “todos se declaraban en contra, extrañados de que mencionara sólo las palabras sobre la gracia” (v. 22).

Rehuyendo de los ideales político-religiosos del pueblo, Jesús revela el plan de Dios y su misión e identidad con el Mesías y con rasgos bien concretos:

- La salvación de Dios va dirigida a la parte de la humanidad más necesitada: pobres, oprimidos, los ciegos... Esto es, los que no cuentan ni, acaso, esperan nada.
- Es una liberación plena de la persona en su conjunto y no sólo en su dimensión espiritual; todas las dimensiones de la persona quedan alcanzadas por esta salvación.
- Es una buena noticia y no un castigo o venganza. Jesús anuncia un “año de gracia”; o sea, de restauración de la paz, de la justicia y de armonía entre todos.
- Y es una buena noticia para todos: no sólo para el pueblo elegido. De hecho, cuando los de cerca y los de casa le rechazan, los de lejos le acogen. ¡Es la paradoja!

Todo un programa que Jesús, el nuevo Profeta, lo asume y lo quiere llevar a cabo “con la fuerza del Espíritu” (4, 14). Desde ahora mismo, el evangelista invita a abrirse a este Jesús y descubrir y experimentar su salvación en la propia realidad e historia personal.

REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

¡Fenomenal texto evangélico! ¡Qué cambio de mentalidad supuso para su pueblo y cuántas cosas puede suponer también para nosotros! ¡Será cuestión de acercarse a él con limpio corazón y dispuestos a aceptar lo que propone!

Está claro que el mensaje de Jesús es de LIBERACION. ¿Cuándo lo aprenderemos? El anuncio de Jesús hará retroceder la muerte (llámese, pobreza, cautividad, opresión: v.18) porque donde entra Jesús nace la VIDA, llevando toda la historia a su plenitud. Y la afirmación es contundente “anunciar a los pobres la buena noticia”: es la misión de Jesús.

Y, también, la misión de todo seguidor; no hay otra. ¿Por qué nos empeñaremos en otras “historias”? ¿Por qué tantos, en nuestra Iglesia, se empeñan en anunciar el castigo y la venganza de Dios? ¡Si ése no es el proyecto de Jesús ni de Dios...! ¡Qué afán! ¡Qué “mesianismos” y que, además, tienen tan poco de evangélicos!

COMPROMISO DE VIDA

Estamos caminando tras los primeros pasos de Jesús en su vida pública y en su actividad evangelizadora. Necesito conocer de cerca todo aquello que me aporta.

- Leeré con detenimiento este texto evangélico, me ayudaré de un buen comentario, y sacaré las conclusiones pertinentes para mi vida creyente.

- Haré un EXAMEN DE CONCIENCIA serio y profundo, tomando buena nota de mis actitudes de vida:

  • ¿Cuál es la “buena noticia” que yo, como seguidor de Jesús, estoy ofreciendo y anunciando con mis palabras y con mis obras?
  • ¿Cómo participo del proyecto liberador de Jesús? ¿Cómo lo expreso en mi vida de cada día?
  • ¿Qué hago y qué medios utilizo para identificarme cada día con ese proyecto de Jesús?

- Utilizaré, durante esta semana, la ORACIÓN que se me ofrece, “Que no se me acostumbre el corazón”, como forma de ganar en sensibilidad evangélica.



ORACIÓN para esta SEMANA

QUE NO SE ME ACOSTUMBRE EL CORAZÓN

Que no se me acostumbre, Señor, el corazón
a ver personas sufriendo en situación injusta.
Que no vea normal tropezarme todos los días
con hombres y mujeres desplazados,
sin casa, sin techo.
Que me sorprenda cada día
de este mundo que nos hemos montado
en el que unos tenemos de todo
y a otros les falta también todo.

Que no se me acostumbre el corazón
a la mirada triste y perdida,
al olor denigrante del alcohol,
al gesto caído y desanimado,
a la palabra soez o socarrona,
a las pocas ganas de vivir,
a cualquier deterioro del hermano,
que es su grito desde la cuneta de la vida.

Que no se me acostumbre el corazón, Señor,
a ver como normal al recién llegado
que cruza el mar para buscar trabajo,
al que se ha quedado sin familia o sin misión
y mañana no encontrará salida a su problema.

Que no se me acostumbre el corazón
al que llegue al albergue, de puntillas,
y nunca ha vivido una experiencia igual
y se siente humillado en una fila,
y le avergüenza la situación en que se encuentra
y se le caen las lágrimas al entrar en la habitación.

Que no se me acostumbre el corazón, Señor,
al ver al hermano muy pesado,
pues con el alcohol hoy se ha ido la mano
y encima se le ha olvidado lavarse,
y llega al albergue tarde
y está gritón y borde sin parar.
Sólo Tú sabes qué le puede pasar...

Que no se me acostumbre el corazón
a volver a mi casa un poco tarde,
a tener la nevera bien llena,
los armarios en que no cabe una prenda,
y los míos esperándome con cariño
para cenar en una casa bien caliente,
y al teléfono llamándome un montón de gente
mientras mañana me espera mi trabajo.

Que no se me acostumbre el corazón, Señor,
a creer que me quieres como a ellos,
pues seguro que ellos son tus preferidos
y por eso me has puesto en la acogida,
para dar yo contigo la bienvenida
y que se sientan a gusto entre nosotros.

Pon ternura, Señor, en mi mirada;
pon caricia en mi mano que saluda;
pon misericordia en mi mente que hace juicios;
pon sabiduría en mi lenguaje;
pon escucha en mis oídos que reciben.
Hazme anfitriona del hogar del Padre,
donde vienen a descansar cuerpos cansados
de esta vida que tan mal hemos montado.

Que no se me acostumbre el corazón, Padre,
al dolor del hermano en la cuneta.
Que sepa por qué está hecho la puñeta,
que acaricie la historia con ternura
y se produzca un encuentro de dos hijos,
que en un trozo del camino
se dignifican mutuamente
y se alegran y se descansan la vida.

miércoles 13 de enero de 2010

Haced lo que Él os diga



Domingo 2º Tiempo Ordinario
17 Enero

EVANGELIO: Juan 2, 1-11

" En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:
- «No les queda vino».
Jesús le contestó:
- «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dijo a los sirvientes:
- «Haced lo que él diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo:
- «Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó:
- «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
- «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él. "

ACERCARNOS AL TEXTO

Lo primero que nos encontramos es ante un SIGNO cargado de simbolismo. Cuando los evangelios sinópticos hablan de los hechos prodigiosos de Jesús utilizan el vocablo griego «dynamis», que podríamos traducir por «acciones prodigiosas» o «milagros». El cuarto evangelio, en cambio, se refiere sistemáticamente a esos hechos prodigiosos con la palabra «semeion», cuyo significado es «signos» o «señales». Esto puede servirnos de pista para no reducir el hecho milagroso a un simple prodigio más o menos espectacular.

El milagro es siempre un signo de Dios que libera al ser humano de la enfermedad, del miedo, de la tristeza, de la ceguera, de la lepra, de la opresión, de la muerte... En cada uno de los relatos evangélicos de los signos de Jesús hay que ver qué liberación dan, de qué son señal y qué actualización pueden tener para nosotros, y no darle tanta importancia al hecho de si pasó o no algo extraordinario.

Juan ha reunido, en una sección que va del capítulo 2 al 12, siete signos con su consiguiente interpretación. Por eso, esa parte de su evangelio recibe la denominación de «Libro de los signos». La transformación del agua en vino, realizada por Jesús en Caná, es el primer signo narrado por el cuarto evangelista.

El episodio de Caná es de una gran riqueza para quien se adentra en la estructura e intención teológica del relato. Tomando pie de un hecho, una boda en un pueblo, Juan construye una narración llena de símbolos para transmitirnos uno de los mensajes centrales de su evangelio: la sustitución de la antigua alianza, fundada en la Ley mosaica, por la nueva, fundada en el amor leal (1, 14-17). El signo realizado por Jesús es, a la vez, un milagro de epifanía: Dios se manifiesta definitivamente en Jesús. Esto se pone de manifiesto mediante el recurso a una serie de elementos simbólicos dentro de la historia narrada: la boda, la falta de vino, las tinajas vacías, el pueblo de Caná, el cambio de agua en vino...

- El marco de la boda. En la tradición de Israel, sobre todo en los escritos de los profetas, las relaciones entre Dios y su pueblo se describen como unas relaciones matrimoniales. Esta boda anónima, donde ni el esposo ni la esposa tienen rostro ni voz, es figura de la antigua alianza fracasada. En ella, sin embargo, se presenta Jesús y anuncia el cambio de alianza, que tendrá lugar en «su hora».

- La falta de vino. Elemento indispensable en las bodas y banquetes como señal de alegría, el vino es símbolo de amor entre el esposo y la esposa, tal como aparece en el Cantar de los Cantares. Es, además, símbolo del festín mesiánico (Is 25, 6). El que se haya acabado significa la incapacidad de la antigua alianza, tal como se vive, para mantener la relación de amor entre Dios y su pueblo y para hacer presente la alegría mesiánica.

- Las tinajas vacías. La descripción es minuciosa: se precisa su número (seis), el material de que estaban hechas (de piedra), su capacidad (de unos cien litros), su finalidad (destinadas a la purificación de los judíos). Ellas son símbolo de la antigua alianza que ya no da vida ni alegría, pues están vacías. El material del que están hechas hace referencia a las tablas de piedra en que fue escrita la Ley. El número seis insinúa su imperfección, pues es cifra incompleta por oposición al siete que indica totalidad y plenitud. Su capacidad muestra la dificultad de cambiarlas, de moverlas. Y la alusión a su finalidad expresa que los ritos de purificación, que dominaban la Ley antigua, ya no sirven, pues no alcanzan su objetivo de unir al hombre con Dios. Así pues, en esta boda está presente la Ley, simbolizada en las tinajas, pero es incapaz de dar la alegría y el amor; más bien trae y hace patente la tristeza.

- El signo tiene lugar en Caná. El nombre «Caná» viene del verbo hebreo «Qanah», que significa «adquirir, crear». Es probable que Juan lo haya elegido para hacer alusión al «pueblo adquirido, creado por Dios» (Ex 15, 16; Dt 32, 6; Sal 72, 4), sujeto de su alianza.

- El cambio del agua en vino por Jesús. El agua hace referencia a las purificaciones que ordenaba la Ley. Eran tantas las prescripciones y la casuística, que la religión se centraba, para muchos, en el cumplimiento de normas externas. Esto termina con Jesús: él cambia el agua en vino. Y este vino, excepcional y abundantísimo, es símbolo de la fiesta, de los tiempos mesiánicos, del amor, de la presencia del Reino y del compartir.


También destacan en este relato evangélico los diversos PERSONAJES:

- JESÚS. Es el único designado con nombre propio y es el centro de la narración. Por primera vez entra en escena a la cabeza de un grupo de discípulos. En las narraciones anteriores no había ocupado él el primer plano; los personajes centrales habían sido Juan Bautista y los hombres que, de un modo u otro, tomaban contacto con él (1, 35-53). Todo había sido preparación y presentación. Ahora comienza el día de su actividad: entra en la boda (en el pueblo que vive bajo la antigua alianza), pero como invitado. No pertenece a ella, a la antigua alianza. Su presencia va a poner en movimiento la nueva realidad.

- La MADRE de Jesús y el maestresala. Ambos pertenecen y viven bajo la antigua alianza; pero el evangelista los contrapone. Ella representa al Israel fiel que reconoce al Mesías y espera en él; el maestresala, a los judíos que no lo esperan ni lo necesitan ni saben apreciar la novedad del don mesiánico. El Israel fiel (la madre) experimenta la carencia, juzga intolerable la situación y espera el cambio; los dirigentes judíos (el maestresala) se extrañan de que algo pueda cambiar, consideran definitivo el régimen que ellos dominan, mantienen oficialmente la alianza, pero vacía de contenido, ya que al desvirtuarla ha dejado de ser expresión del amor de Dios a su pueblo. La madre, definida por su relación con Jesús, del que es origen, está abierta al futuro, a las promesas de Dios. El maestresala, en cambio, se define por su relación con la boda existente, con un presente encerrado en una tradición sin horizonte de futuro.

- Aparecen, además, los SIRVIENTES. Se ponen a disposición de Jesús y ejecutan su encargo. Ellos hacen lo mismo que pedirá Jesús a todo aquel que quiera ser su discípulo y seguirle (12, 26). Incluyendo, pues, a sus discípulos, los sirvientes designan a todos aquellos que se prestan a colaborar con la obra del Mesías.


REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

Realmente sugerente el relato que nos propone el “discípulo amado”, aquel que ha entendido, de forma tan singular, la aportación que Jesús realiza. Y el resumen es bastante sencillo: Jesús es la NOVEDAD total, que cambia toda la situación anterior; por eso, es el VINO NUEVO que llena de alegría y de gozo la vida entera. Es su síntesis.

Y es que el “discípulo amado” descubre que todo lo anterior ha quedado caduco, no tiene posibilidad alguna ya de producir ningún tipo de vida. Solo Jesús, con su presencia, con su palabra y sus acciones es quien es capaz de hacer revivir y provocar una nueva realidad, hasta el punto de hacer que el agua sea cauce para el NUEVO VINO, de manera que la alegría y el gozo de la boda MESIÁNICA no queden truncadas.

En esta presencia mesiánica y de plenitud que se da en Jesús, a pesar de la caducidad de todo lo anterior, hay también quienes están en actitud de apertura, de acogida y de colaboración. María, la Madre, los sirvientes, el grupo de Jesús; están ahí, esperando, sugiriendo, colaborando, disponiéndose a caminar con él... Pero también hay quienes no esperan nada, quienes están anclados en lo de siempre, pero que no esperan ni desean nada nuevo; se encuentran más cómodos y seguros en esa situación caduca; la novedad que Jesús ofrece, les asusta; por eso le rechazan (así lo podremos ver a lo largo de todo el evangelio de Juan).

¡Cuántas aplicaciones tienen en nuestra vida todas estas figuras que aparecen en el relato evangélico! ¡Cuántas veces puedo sentirme más cómodo (o “más aburrido”) en lo de siempre y no me abro a la NOVEDAD CONSTANTE que supone Jesús y sus propuestas!

Tras celebrar las fiestas navideñas y el Bautismo de Jesús, hoy se me plantea abiertamente (lo hace el “discípulo amado”, aquél que sabe tanto acerca de él) a abrirme y aceptar a Jesús como NOVEDAD TOTAL, de forma que pueda transformar toda mi realidad. ¡He aquí el dilema y el desafío!

COMPROMISO DE VIDA

Necesito convencerme de la NOVEDAD que aporta Jesús, y lo aporta para mi vida de creyente que, hoy, quiero acogerle como “vino nuevo” en mi vida y en mi caminar.

- Leeré detenidamente el apartado “Acercarnos al texto” para entender BIEN todo cuanto el evangelista nos está sugiriendo en este relato.

- Miraré mi vida (la de cada día) y descubriré cuáles son mis actitudes ante la novedad de Jesús: como la de María, la del maestresala, la de los sirvientes, la de su grupo, o la de “su gente” (hermanos de raza, que le rechazan de plano y desde el principio)...

- ¿Qué me propongo, personalmente y en esta semana de enero, para “gustar” el “vino nuevo” de Jesús?

+ acaso un buen LIBRO sobre Jesús...
+ o dedicar un día (o medio) al silencio y a la oración...
+ o dedicar un rato al día para...



ORACIÓN para esta SEMANA

NO TENEMOS VINO

No tenemos vino, Jesús.
No tenemos vino.

Para las bodas de hermandad
donde festejamos el amor que Tú nos brindas,
no tenemos vino.

Para los encuentros fraternos
donde haces crecer nuestros amores,
no tenemos vino.

Para la alianza del Norte con el Sur,
del mundo rico con el mundo pobre,
no tenemos vino.

Para el abrazo solidario con los inmigrantes
que reclaman los derechos más elementales,
no tenemos vino.

Para las manifestaciones de protesta
pidiendo paz, trabajo, justicia,
no tenemos vino.

Para la fiesta del compromiso humano
donde celebramos triunfos y fracasos,
no tenemos vino.

Para el encuentro del perdón
que sana, renueva y rehabilita,
no tenemos vino.

Para la apertura del amor familiar,
limpio, hondo, agradecido,
no tenemos vino.

Para nuestras celebraciones de cada día,
sencillas, íntimas, queridas,
no tenemos vino.

Y por eso andamos tristes y apocados,
sin gracia y con la ilusión apagada.

No tenemos vino, Jesús.
No tenemos vino.

viernes 8 de enero de 2010

Bautismo de Jesús


2º Domingo de Navidad
10 de Enero 2010
En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
- «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:
- «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto».
ACERCARNOS AL TEXTO

El primer dato que llama la atención en este texto evangélico es que a diferencia de los detalles rigurosamente históricos que encuadran el comienzo del ministerio del Bautista (3, 1-2), los que describen el bautismo y la unción de Jesús como el Esperado, como el Mesías, trascienden estas categorías históricas y la experiencia normal y, por ello mismo, no son científicamente comprobables. Con esos dos encabezamientos solemnes, uno repleto de datos históricos y el otro rebosante de rasgos metahistóricos, Lucas enmarca el momento en que se cumple la promesa de Dios, y afirma que tal cumplimiento llega con Jesús y sólo con él.

Juan inicia su predicación llamando a todos a la conversión para preparar el camino al Señor. Jesús acude al Jordán como uno más a bautizarse, pero no para sellar con el bautismo de agua una actitud interior de conversión, sino para sancionar, con un gesto significativo, su plena disposición a aceptar lo que se acerca, la novedad del Reino, incluso hasta la misma muerte (ése es el sentido que tiene la inmersión en el agua), a fin de llevar a término su misión.

El gesto de Jesús, aunque no tenga sentido de conversión, es sorprendente: le sitúa entre los pecadores. Semejante gesto, difícil de entender para algunos cristianos, no pudo ser inventado por las primeras comunidades, más propensas a subrayar el carácter único de Jesús que su participación en el común destino de los hombres. Lucas presenta aquí a Jesús como miembro de la humanidad, inmediatamente antes de que la «voz del cielo» afirme el carácter singular de Jesús («Tú eres mi hijo»). Es como si nos estuviera diciendo, adelantando el contenido de su evangelio: Este hombre que se acerca y acoge a los pecadores; que come y comparte con prostitutas y publicanos, que fustiga a los piadosos y a los jefes religiosos, que es amigo de los pecadores, éste es el Mesías, el Ungido de Dios.

Los acontecimientos externos que tienen lugar después de haberse bautizado, mientras ora, nos hablan de la experiencia interior que acaba de tener. A la disposición expresada por Jesús de entrega incondicional corresponde, por parte de Dios, la donación total de su Espíritu. Tres imágenes, dos visuales y una auditiva, sirven para describir tal experiencia:

- El «cielo abierto» de par en par, después de siglos que se ha mantenido «cerrado» por haber acallado el pueblo la voz de los profetas, significa que con Jesús se abre e inicia una nueva etapa en la historia: la comunicación definitiva y permanente de Dios con la humanidad.

- La «bajada del Espíritu Santo» sobre Jesús significa que este miembro del pueblo, que ha venido para hacerse bautizar, es ungido y presentado como el «rey mesiánico» (Is 11, 1-5), el Servidor de Dios con misión universal (Is 42, 1-7), el Profeta-Mesías (Is 61, 1-4), el esperado. Y su unción y misión no es algo puntual, como la de los profetas antiguos, sino que se trata de algo permanente, pues el Espíritu de Dios reposa sobre él. La «forma de paloma» alude al Espíritu de Gn 1, 2, que aleteaba por encima de las aguas. La calificación de «corpórea» subraya que se trata de una experiencia real y tangible, aunque describa una experiencia personal e interior. Los evangelistas suelen echar mano de imágenes y figuras externas para describir experiencias interiores. La insistencia de Lucas en el carácter visible y, sin embargo, indefinible («en forma corporal», «como una paloma») tiende a afirmar que la presencia del Espíritu de Dios no podía pasar desapercibida a quien mirase a Jesús con una mirada libre (ver en 11,14-20 la crítica a quienes no saben ver en Jesús más que el espíritu del mal y explicar sus gestos por tal espíritu).

- La comunicación celeste (la voz que se escucha) afirma: «Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto». Lo que dice la voz del cielo es el culmen del relato. Ella define lo que es Jesús para Dios. De esta experiencia de Dios, que le revela que es el Hijo -el responsable de la causa del Padre en la historia-, nace la misión por la que Jesús deja la esfera de su vida privada y empieza su vida pública, para compartir tal experiencia con los demás. La unión efectiva y permanente entre el Espíritu de Dios y el hombre Jesús cierra una etapa de la revelación (Antiguo Testamento) y abre una nueva: la creación culmina con Jesús, el hombre perfectamente acabado, el Hijo del hombre e Hijo de Dios.

REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

Con estos datos y aclaraciones es fácil constatar que este signo del Bautismo de Jesús es significativo y marca un momento clave de su vida. Lucas nos presenta claramente que Jesús es quien es, y merece la pena escucharle y seguir sus huellas. ¡Aquí está el asunto! Ya no valen las actitudes “a medias” ante lo que Él proponga. ¡Es la hora de la decisión!

Estamos al inicio de la vida pública de Jesús. Han pasado un montón de años (más en aquella cultura) en el silencio y con un objetivo: descubrir los caminos de Dios-Padre para Él y el medio para llevar a cabo su plan de salvación. Jesús tuvo que rastrear, también, esos caminos, hasta llegar a una conclusión y experimentarlo en su propia vida.

Jesús realiza, pues, el camino y descubre que el querer de Dios para por la solidaridad con los hermanos hasta el final. El Bautismo es el signo visible y externo de esa nueva dedicación que a vivir. Hasta ahora era descubrir y experimentar desde el silencio; ahora, le toca hacer visible y tangible ese plan salvador del Padre. Por lo tanto, este bautismo en el Jordán supone una especie de “cambio de agujas”: su vida cambia, tanto como hijo (“Tú eres mi Hijo amado”) y como hermano, a quienes dedicará su vida entera.

El bautismo de Jesús motiva e ilumina nuestra vida de creyentes. En esta presentación que Dios mismo nos hace de Jesús (no olvidemos que durante los días de Navidad han sido los pastores, la gente sencilla y marginada, o unos “Magos de Oriente” los que nos lo han presentado), su invitación es a ACOGERLE y ESCUCHARLE. ¡Así nos pone en camino también a nosotros! A lo largo de estos meses, nuestro bautismo nos va a sugerir muchas cosas gozosas y costosas. No olvidemos en ningún momento que Jesús es el que mejor sabe el CAMINO que lleva a Dios-Padre.

COMPROMISO DE VIDA

El bautismo le lleva a Jesús a dar un paso muy significativo en su vida: desde ahora se dedicará plenamente a la causa del Reino, que es la causa del Padre.

- Cada día de este mes de enero, tomaré conciencia de mi Bautismo, y realizaré un SIGNO sencillo, pero consciente: una señal de la cruz, un gesto que me diga y me recuerde... mi bautismo y su compromiso.

- Este mes participaré en la celebración de algún bautismo en mi parroquia o en alguna cercana: me acercaré a la Pila bautismal y realizaré una confesión de mi fe, con mi estilo y con mis palabras.

- También, durante este mes, viviré algún compromiso concreto de cara a los demás (alguna visita especial, una ayuda, participación en alguna acción...) para significar mi condición y compromiso de bautizado.

- Terminaré este día con la ORACIÓN, “Yo sí te conozco”, que se me ofrece a continuación, como dirigido para mí, hoy y aquí.



ORACIÓN para esta SEMANA

YO SÍ TE CONOZCO


Hijo/a mío/a: Tú todavía no sabes lo que eres.
No te conoces aún
-quiero decir que no te has reconocido del todo-
como objeto de mi amor.
Por eso no sabes lo que eres en mí
e ignoras las posibilidades que hay escondidas en ti.

Despierta y deja los malos sueños:
esa fijación en los fracasos y los fallos,
en los cansancios, caídas y pasos en falso.
Todo eso no es tu verdadero yo.
Déjate amar y guiar y... ¡ya verás!

Las máscaras que llevas
y los disfraces que te pones
te pueden ocultar a los ojos de los demás
-quizá a tus propios ojos también-,
pero no pueden ocultarte a los míos.

Esa mirada, tu mirada, que no es clara,
y tu deseo febril, anhelante,
así como tus ambiciones, apetencias y ardores
tan queridos, tan tuyos, tan fuertes...
Todo eso no es tu verdadero yo.

Bajo todo ello, detrás de todo eso,
más allá de tus dudas y tu pasado,
yo te miro, yo te amo, yo te elijo
y abro las puertas del cielo para mostrártelo.
Tú eres un hijo a quien quiero.

¡Podría decir tantas cosas...!
No de ese tú que busca disfraces,
sino del tú que permanece en mi corazón
y que acuno como padre/madre en mi regazo,
del tú que puede aún manifestarse...

Haz visible lo que eres para mí.
Sé el sueño hecho realidad de ti mismo.
Activa las posibilidades que en ti he puesto.
No hay ningún don al que no puedas aspirar.
Llevas mi sello, mi sangre y espíritu.

Te beso, te amo, te libero, te lanzo...
Te abro a la vida y te hago dueño.
Y si todo esto es lo que yo hago,
¿qué te impide levantarte, andar y ser?
Estás en el mundo por tu bien y mi querer

domingo 3 de enero de 2010

EPIFANÍA



6 Enero 2007

EVANGELIO: Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
- «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
- «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
- «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.


ACERCARNOS AL TEXTO

En distintas ocasiones, si queremos aproximarnos con cierta garantía a los distintos textos bíblicos y evangélicos, es bueno y necesario mirar el entorno cultural que rodea a Israel, de modo que nos ayude a comprender los elementos que nos ofrece el relato y, así, descubrir más claramente las claves de la fe y de la teología que nos quiere transmitir. Éste es, pues, el objetivo fundamental que perseguimos.

El episodio de los Magos tiene todas las características de una leyenda. Naturalmente con una base sólida que la dio consistencia. En todos los países donde se cultivaba la ciencia astrológica -y esto ocurría en todo el entorno de Palestina- existía la firme convicción según la cual cada niño nace en la coyuntura astral; de ahí que cada hombre tenga su propia estrella. Más aún, la aparición de una nueva estrella o la conjunción de dos hacía pensar inevitablemente en un nuevo acontecimiento que determinaría un cambio en la historia humana. Por tanto, un acontecimiento importante tenía que ser señalado de algún modo en la marcha de las estrellas. Ahora bien, como el nacimiento de Jesús era el acontecimiento más importante de la historia humana necesariamente debía ser anunciado por el mundo de los astros. Es en este punto donde se unen la leyenda y la teología. Aquí se encuentra el relato evangélico de Mateo.

A pesar de todo lo dicho, no hay posibilidad alguna de identificar la estrella de los Magos con ninguna estrella del universo. Mateo pudo haberse inspirado en los datos comunes a las culturas del entorno, pero el relato bíblico pretende hablarnos de una manifestación extraordinaria que, desde la oscuridad, guía a los Magos a descubrir al rey de los judíos y del universo.

El texto los presenta como “magos”. La palabra es oriunda de Persia y con ella se designaba a los dirigentes religiosos. En el griego corriente es utilizada para designar a los magos propiamente dichos o practicantes de artes mágicas. ¿Qué significa en nuestro texto? Por supuesto que no son reyes. Esta creencia surgió posteriormente bajo la influencia de algunos pasajes bíblicos (Sal 72, 10; Is 49, 7; 60, 10: vendrán reyes y honrarán a Yahvé). Posteriormente, en el siglo V se concretó su número sobre la base de los dones ofrecidos. Finalmente, en el siglo octavo, reciben los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Tampoco eran lo que hoy conocemos como sabios; tenían conocimientos de astrología. Hoy los llamaríamos astrólogos.

Los Magos son figuras teológicas y funcionales, que vienen a ratificar la dignidad única del protagonista del evangelio, a quien Mateo ya ha presentado (1, 1-25). De ahí que esta escena sea como el complemento de la anterior. Más aún, estos hombres, -que eran paganos, no judíos, y por tanto desconocían la revelación del Antiguo Testamento- reconocen al Mesías y no se escandalizan de su humildad. Por el contrario, los doctores de la Ley, especialistas en la Escritura, no lo reconocen. Estamos ya ante una tesis que se hará general a lo largo del evangelio de Mateo: Jesús es rechazado por el pueblo de Dios y es aceptado por los gentiles. Por otra parte, el episodio significa que, ante Dios, no hay acepción de personas: caen las barreras del particularismo judío y se afirma el universalismo de la salud que se ofrece a todos sin distinción.

¿Por qué el contenido teológico no ha eliminado los motivos legendarios? También por razones teológicas: en Jesús se cumplen todas las esperanzas, no sólo las del pueblo judío sino las de todos los hombres. Él es el rey que todos esperan, pero un rey humilde y oculto. Quien lo encuentra se alegra, lo hace el rey de su vida y le rinde el más precioso homenaje. Como los Magos. Los regalos mencionados en el texto son los productos típicos de un país oriental, que son ofrecidos a los reyes.

REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

El mensaje central del relato de los Magos es claro: la salvación que trae Jesús es para toda la humanidad, sin fronteras. El viene a liberar a todos los seres humanos. No en vano, la fiesta de los Magos se llama, litúrgicamente, EPIFANÍA, es decir, la celebración de la manifestación de Dios a todos los hombres y a todos los pueblos.

Vivimos una época que pretende llamarse universal, planetaria. Alguien se ha atrevido a comparar y designar al mundo de hoy como «la aldea global», sin fronteras, sin distancias. Pero hombres y pueblos andamos divididos, enfrentados y luchando por defender intereses propios y egoístas. Es fácil, en esta situación, olvidar el mensaje de Dios: que la liberación es para todos, que somos parte de una familia humana más amplia, y que hay otras personas, otros pueblos, que viven en el Tercer o Cuarto Mundo.

Posiblemente, estamos demasiado acostumbrados al relato. Por otra parte, hoy apenas tiene nadie tiempo para detenerse y contemplar despacio «las estrellas». Probablemente, no es sólo cuestión de tiempo. Vivimos una época en la que es más fácil ver la oscuridad de la noche que los puntos luminosos que brillan en medio de cualquier tiniebla. Este relato evangélico, sin embargo, respira la convicción profunda de los primeros creyentes después de la resurrección. En Jesús se han cumplido las palabras del profeta Isaías: «El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una luz grande; habitaban en una tierra de sombras, y una luz ha brillado ante sus ojos» (Is 9, 1).

Otra profunda convicción propone, también, esta fiesta de hoy: «Y la estrella comenzó a guiarles» (v. 9). Dios nunca abandona a los que, dejando la seguridad de su vida, se ponen en camino buscando y deseando la liberación, como los Magos. Ojalá en medio de nuestro vivir diario no perdamos nunca la capacidad de estar abiertos a toda luz que ilumina nuestra existencia, a toda llamada que pueda dar profundidad a nuestra vida. Ojalá ninguna buena noticia de solidaridad, justicia y universalidad nos turbe y sobresalte, ni pase desapercibida. Ojalá las oscuridades de la vida no nos detengan ni nos desvíen de lo que un día nos puso en camino y se nos ofrece gratuitamente.

Ante un Dios del que sólo sabemos que es amor, no cabe sino la adoración, el gozo y la acción de gracias. Porque, por encima de lo que somos, de lo que nos sucede y hacemos, está el amor de Dios que nos abre y da un horizonte de esperanza para vivir en positividad. Siempre hay estrellas que brillan en el horizonte.

COMPROMISO DE VIDA

Esta fiesta de hoy es una invitación a la APERTURA, que es la actitud misma de Dios, que no hace acepción de personas y ofrece la salvación a TODOS los que la buscan, poniéndose “en camino”.

¿Cuál es mi “idea” y comprensión de Dios? Trato de describirlo con 5 ó 6 palabras, (las claves, a mi entender) poniendo un contenido (= explicación) a cada una de las palabras...

El “ponerse en camino” (para la búsqueda) y la “adoración” son las expresiones que mejor reflejan la actitud de los Magos. ¿Es éste mi estilo de vida y de creyente? ¿Soy capaz de “renunciar” a cosas queridas para vivir una actitud de búsqueda, adaptando mi fe y mi compromiso cristiano a las nuevas situaciones que se dan en mi vida?

Hoy quiero y voy a hacerle un “REGALO” al Niño de Belén: ¿cuál sería? ¿qué le ofrecería, de forma que exprese mi profunda actitud de adoración...?
Termino este día con la ORACIÓN que se me ofrece a continuación, completando “ese belén” que se me describe...



ORACIÓN para estos DÍAS

UN BELÉN DIFERENTE

Este año pondré un nacimiento diferente,
sin ángeles, sin pastores, sin reyes,
porque en mi pueblo ya casi no existen,
y niños y adultos no entienden que estén contigo
sólo los que no se ven en la calle.
En su lugar pondré figuras del presente.

Un parado,
víctima de todas las multinacionales,
con las manos callosas y arrugas en la frente.
Tiene vergüenza y duele verle.

Un emigrante,
sin patria, sin hogar ni papeles,
de color, con olor y hambre.
Quizá esta noche lo acoja alguien.

Una prostituta,
con mirada triste y ternura palpitante,
usada y juzgada por casi toda la gente.
Quizá esta noche reencuentre su dignidad.

Un drogadicto,
aferrado a sus viajes y estrellas artificiales
porque en la tierra no tiene presente.
Quizá esta noche vea la estrella de su vida.

Un preso,
de los de siempre, sin causa ni gloria,
al margen de la sociedad y con barrotes.
Quizá esta noche le llegue una ráfaga de aire libre.

Un enfermo de sida,
separado, aislado como una peste,
tumbado en el lecho sin futuro y casi sin presente.
Quizá esta noche alguien se acerque a él y le bese.

Ya sé que no están todos;
pero si me atrevo a ponerme yo,
y no me olvido de colocarte a ti,
este Belén no será de Herodes.


martes 29 de diciembre de 2009

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS



1 de Enero 2010

EVANGELIO: Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído, todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.



ACERCARNOS AL TEXTO

Este texto evangélico recoge dos escenas relacionadas con el nacimiento de Jesús: la primera (vv. 16-20) hace referencia a la actitud de los primeros destinatarios de la buena noticia, la de los pastores; la segunda (v. 21) nos habla de la circuncisión de Jesús, convertido en el rito y signo de pertenencia a Israel. Por origen, tradición y cultura, por religión, Jesús fue un israelita.

Lo primero que el evangelista destaca es la actitud de los PASTORES. Éstos, motivados y animados por el anuncio del ángel, se ponen inmediatamente en camino para ver lo que Dios les ha manifestado. Quieren comprobar con sus propios ojos lo que el ángel acaba de anunciarles: «Al marcharse los ángeles al cielo, los pastores se decían unos a otros: Ea, vamos derechos a Belén a ver eso que ha pasado y que nos ha anunciado el Señor. Fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en un pesebre» (vv. 15-16). Su actitud queda bien expresada en las diversas anotaciones del evangelista. Se animan unos a otros (v. 15); dicen: «Vamos derechos a Belén» (v. 15); «fueron corriendo» (v. 16); comunican lo sucedido (vv. 17-18); glorifican y alaban a Dios por lo que han visto y oído (v. 20). Ellos escuchan, se ponen en camino, comprueban, creen, gozan, alaban y anuncian. ¡Casi nada!

Asimismo, se destaca la actitud de MARÍA: «María, por su parte, conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior» (v. 19). Lucas destaca, a lo largo de todo su evangelio, la fe y profundidad de María, que escucha a Dios en los acontecimientos y medita su Palabra. Antes, la confianza en Dios le llevó a decir sí al anuncio del ángel. Ahora, conserva en su interior todo lo que los pastores dicen y todo lo que está viviendo. Creer conlleva un itinerario y una profundización. María debe hacer su propio recorrido porque el ser madre del Mesías no le libra de ello, por eso medita muy dentro de ella lo que sucede y se dice de él en su entorno. En su sereno «recordar» (meditar, revivir, profundizar, hacer memoria) María es modelo del cristiano. El testimonio de María nos desvela cómo avanzar en el camino hacia el Dios de nuestra esperanza que se encarna y hace presente en nuestro mundo e historia.

Jesús, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, a los ocho días de su nacimiento recibe la marca de su pertenencia al pueblo judío: la CIRCUNCISIÓN. La circuncisión nos introduce en el centro de la experiencia cultural israelita. Como ceremonia de iniciación o de limpieza ritual, la circuncisión era conocida en muchos pueblos del oriente antiguo. Con el tiempo, y sobre todo a través del contacto con aquéllos que no la practicaban, la circuncisión se vino a convertir en signo primordial de la pertenencia a la comunidad sagrada de Israel y en garantía del cumplimiento de las promesas divinas (Gen 17) y se practicaba al octavo día del nacimiento.

Para Lucas, el hecho de que Jesús fuera circuncidado constituye una expresión de su pertenencia al pueblo de Israel y es signo del ambiente de piedad en que se mueve su familia. Ciertamente, Lucas sabe muy bien que Jesús ha nacido de la fuerza del Espíritu y desborda todos los caminos de la historia de los hombres; pero, a la vez, nos muestra que procede de la espera y la piedad del pueblo israelita. Por eso le han tenido que circuncidar el día octavo.

El texto de Lucas sigue: «Le pusieron por nombre Jesús, como le había llamado el ángel antes de su concepción». La referencia a la palabra del ángel alude a 1, 31: «Concebirás un hijo y le pondrás por nombre Jesús». Sobre ese tema surgen dos preguntas:
- el sentido general de la imposición de un nombre, y
- el significado concreto de “Jesús”.

Impone un nombre el padre o aquél que tiene autoridad sobre el nacido. Ya se sabe que en el Antiguo Testamento y en el pueblo de Israel el nombre se halla internamente unido a la persona: indica su función y significa su destino. Por eso, cuando Dios escoge de manera especial una persona, asignándole una misión determinada, le impone directamente un nombre, como en el caso de Abrahán (Gen 17, 5) o de Isaac (Gen 17, 19). La importancia de un nombre sagrado se vislumbra también por el hecho de que la revelación de Dios, en el principio del Éxodo, se identifica con la manifestación de su nombre de Yahvé (Ex 3, 13-15).

Dentro de este campo de experiencia, la imposición del nombre significa que Dios mismo ha escogido a Jesús y le ha determinado para realizar una obra importante dentro de su pueblo. Eso es lo que a Lucas le interesa. Mateo, como auténtico judío, ha tenido que dar un paso adelante; no le basta con saber que ha sido Dios el que concede nombre al niño. Necesita saber el sentido del nombre y por eso lo aclara; Jesús significa «Dios salva»; por eso, la imposición del nombre convierte a Jesús en «salvador de los pecados de su pueblo» (Mt 1, 21).

REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

Lo primero que sigue llamándonos la atención en todos estos relatos en torno al Nacimiento de Jesús y las diversas circunstancias que le rodean, es su enorme sencillez. Aquí está la gran paradoja de la Navidad: es un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Ésta fue la señal que el ángel dio a los pastores para reconocerlo. En la antigüedad, los signos a través de los cuales la divinidad se revelaba eran signos y prodigios espectaculares. Los mismos judíos esperaban una irrupción gloriosa del Mesías. Pero no; ahora Dios se manifiesta en un hombre como todos, en un niño desvalido al que sus padres tienen que recostar en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

Nada más normal y menos significativo que un recién nacido. Los hay a miles cada día, en cualquier parte del mundo. El signo que da el ángel es casi una ironía. No busquemos a Dios en lo maravilloso y milagrero, sino en eso cotidiano, en el simple nacer de cada ser humano. A partir de ahora, nuestro Dios es un Dios cercano, presente en las alternativas más simples y vulgares de la vida. Ésta es la gran novedad que celebramos en Navidad. Como dice la canción “Navidad sin pandereta”: «Lo esperaban como rico y habitó entre la pobreza; lo esperaban poderoso y un pesebre fue su hogar; lo esperaban un guerrero y fue paz toda su guerra; lo esperaban rey de reyes y servir fue su reinar».

Y esto, sin duda alguna, no es fácil de aceptar; resulta “demasiado” para ser realidad. Y aquí nos “peleamos” para aceptarlo así. Más bien, parece un “sueño”, pero difícil de convertirse en realidad. Y es que, a pesar de las diversas culturas de la humanidad y sus diferentes visiones sobre el tema, tanto el acontecimiento como el modo, nos sobrepasan del todo. Esta vez, más que nunca, ¡Dios nos sorprende!, y... ¡cómo! Tan es así que cuesta aceptarlo y sacar las conclusiones que tiene para nuestra vida de caminantes. ¡Así como suena!

Si se acepta la inmensidad del gozo de su presencia nueva y definitiva, la actitud más propia nos la vuelven a ofrecer, sorprendiéndonos también, las personas más sencillas y menos notorias que se podrían pensar: unos pastores y una pobre pareja, José y María, destacando -de manera singular en los relatos evangélicos-, la actitud de la Madre, María, que vive todo cuanto acontece de forma especial y con una apertura increíble al Dios de la vida. ¡Vaya camino el que realiza María en esa búsqueda de los designios de Dios...! ¡Impresionante si lo miramos y contemplamos con la sencillez que ofrecen los distintos relatos que se nos narran...!

También digno de la admiración más profunda, cuanto vive y asume Dios de la historia humana y en su inserción en un pueblo concreto, en una historia determinada. Esto es la ENCARNACIÓN, con todo lo que supone de vaciamiento para hacerse como uno de nosotros. La circuncisión y la imposición del nombre JESÚS (= “Dios salva”) nos están mostrando que algo grande e inmenso está sucediendo en nuestra historia. Está claro que, llegado a este momento, Dios va a hacer realidad, y de forma plena, todas las promesas antiguas y las va a llevar a cabo de manera sorprendente. No queda más remedio que aceptar a este Dios... sorpresa.

De ahí que, una vez más, no nos quede más remedio que invitarnos mutuamente a la CONTEMPLACIÓN callada, para interiorizar cuanto nuestros ojos están viendo (como los pastores) y para asumir todo cuanto está sucediendo (como María), y así poder “entender” un poco la actuación de este Dios que se ha metido en nuestra historia como en su casa y que camina junto a nosotros para siempre, pero con “apariencias” pobres y poco llamativas. ¡INCREÍBLE!

COMPROMISO DE VIDA

Necesitamos mantenernos en esta ACTITUD CONTEMPLATIVA ante los relatos y los acontecimientos que se nos siguen ofreciendo en estos días de la Navidad.

- En esta fiesta especial de MARÍA, “Madre de Dios”, voy a contemplarle a Ella, como lo han hecho tantas generaciones anteriores: descubrir lo que ha vivido, su actitud ante la propuesta de Dios, su “silencio” y “meditación” ante lo que dicen y ante lo que ocurre...

- Volveré a leer pausadamente los distintos relatos evangélicos y, mejor aún, si me ayudo a mí mismo/a con algún comentario en torno a estos textos: comprender, profundizar, meditar, para hacerlos míos.

- Hoy es la Jornada Mundial de la PAZ en las Comunidades Cristianas: examinaré mi vida y mis actitudes ante esta inmensa tarea de la Paz; me comprometeré en alguna acción concreta; oraré a favor de la Paz...

- Terminaré utilizando la ORACIÓN de las “Siete Velas” como expresión de mi vida y plegaria en este primer día del año 2007.




ORACIÓN para estos DÍAS

SIETE VELAS

Vamos a encender siete velas, siete,
para recordar que no estamos en tinieblas,
ya que Dios es luz y buena noticia
por encima de nuestras ideologías y creencias.

Primera vela y buena noticia:
Dios se ha hecho amor
para quienes tienen el corazón roto
y sólo han conocido orfandades y odios.
Y con ellos, para todos.

Segunda vela y buena noticia:
Dios se ha hecho libertad
para los que están cautivos
y para los esclavos de sí o de otros.
Y con ellos, para todos.

Tercera vela y buena noticia:
Dios se ha hecho consuelo
para los que sufren y esperan
y lloran al borde del camino.
Y con ellos, para todos.

Cuarta vela y buena noticia:
Dios se ha hecho justicia
para los que están marginados
y tienen hambre y sed de vida.
Y con ellos, para todos.

Quinta vela y buena noticia:
Dios se ha hecho pan y vino
para quienes se han vaciado
dándose sin reserva, enteros,
en sendas y caminos.
Y con ellos, para todos.

Sexta vela y buena noticia:
Dios se ha hecho arlequín
para desmantelar el tinglado
de normas y leyes que hemos montado
para conseguir su beneplácito,
nosotros, vosotros, todos.

Séptima vela y buena noticia:
Dios se ha hecho uno de nosotros
para que nosotros no olvidemos
ahora, en este momento, y luego,
que somos hijos suyos,
y con ello, hermanos entre nosotros.

jueves 24 de diciembre de 2009

NATIVIDAD DEL SEÑOR



25 de diciembre del 2009

EVANGELIO: Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino, y en el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.
Éstos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,
ni de amor humano,
sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él
y grita diciendo:
«Éste es de quien dije:
“El que viene detrás de mí
pasa delante de mí,
porque existía antes que yo”».

Pues de su plenitud
todos hemos recibido,
gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés,
la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás:
El Hijo único, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha dado a conocer.



ACERCARNOS AL TEXTO

Este prólogo del evangelio de Juan es una pieza de valor único. Como los demás evangelistas lo antepone a su obra para presentarnos al protagonista de su narración. A diferencia de ellos no se queda en el Bautista y el bautismo de Jesús (como Marcos), ni en el nacimiento virginal (como hacen Mateo y Lucas). El “discípulo amado” llega hasta los orígenes. Y estos orígenes se remontan a la eternidad misma de Dios. Sólo así la presentación es completa.

Para que podamos captar en toda su profundidad lo que nos ofrece en su reflexión, tengamos en cuenta lo siguiente. En la presentación de la Palabra se distinguen tres fases:


Su PREEXISTENCIA (vv. 1-5): preexistencia real y personal. Existencia en plena comunión con el Padre («estaba en, junto a Dios»). La eternidad, personalidad y divinidad del Logos son las tres afirmaciones esenciales del v. 1. Pero no pensemos que el evangelista hace especulación filosófica. Ha querido sencillamente poner la base sólida, dar la razón última de por qué esta Palabra puede hablarnos de Dios. El poder revelador y salvador de esta Palabra tiene su fundamento en el origen y naturaleza de la misma.

Para ello, el evangelista utiliza categorías «esencialistas» sólo en apariencia; en realidad son de la vida misma. Porque la Palabra tiene como función esencial hablar, dirigirse a alguien esperando ser acogida y respondida. La Palabra supone unos destinatarios a quienes va dirigida. Y para ellos, para los hombres, es vida y luz. Todo aquello que puede dar a la vida humana su plenitud y sentido. Incluso superando sus propias posibilidades y sueños.


En la segunda fase, se destaca SU ENTRADA EN EL MUNDO de los hombres. La mención del Bautista, provocada por la palabra «luz», nos sitúa en el terreno histórico. La luz para el hombre no es una idea, algo abstracto, sino Alguien, y tan concreto como el Logos o la Palabra encarnada. Testigo de ello fue el Bautista, cuya figura, en este evangelio, no se centra en ser Precursor de Cristo -como hacen los evangelios sinópticos- sino en ser testigo de la luz verdadera, que puede aclarar el misterio humano. Toda la razón de ser del Bautista está en función de su testimonio.

Ahora la función iluminadora le compete al Logos, a la Palabra, por razón de su divinidad. Ahora se nos dice (v. 9) que esto ha ocurrido en el cuadro histórico de la presencia de Cristo. Y al entrar en la realidad humana, el Logos, la Palabra esencial de Dios, coloca al hombre ante una necesaria decisión. Esta Palabra es esencialmente interpelante. Decisión inevitable de aceptación o de repulsa.

El evangelista habla primero de la repulsa, equivalente en su terminología a «no conocer», «no recibirlo». Son expresiones sinónimas de no creer en este evangelio de Juan. Con estas expresiones se acentúa la incredulidad judía y de todos aquéllos que se niegan a aceptar esta Palabra. A continuación se nos habla de la aceptación. Recibirlo significa en este caso la acogida favorable del Revelador divino y de sus palabras. Es sinónimo de la fe. Y la consecuencia de esta aceptación favorable es la filiación divina, que es presentada como partiendo de la iniciativa de Dios, no como posibilidad o decisión puramente humanas.

La tercera fase: es la ENCARNACIÓN: “el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria...”. Es el punto culminante del prólogo. Aquí se nos habla:

- De la paradoja increíble que el Logos eterno de Dios haya entrado en la historia humana. Entrada en la historia humana como sujeto de esta historia. Acontecimiento único y casi increíble. Dios mismo entra en la historia como uno más de los que hacemos esta historia. La afirmación de la encarnación obedece también -dentro de la intención del evangelista- a ofrecer la razón última de esa posibilidad que se le ofrece al hombre de llegar a ser hijo de Dios.

- Esta culminación del prólogo habla elocuentemente del amor infinito de Dios. Ésta es la razón por la cual el evangelista afirma que el Verbo se hizo carne. La «carne» indica lo débil, caduco, impotente. Y es que la distancia infinita entre el Logos y la carne, unidos en Cristo, pone de manifiesto el amor infinito de Dios. Distancia infinita salvada por el amor infinito de Dios.

- La afirmación pone de relieve la habitación de Dios entre los hombres, «plantó su tienda», que es la traducción del verbo griego correspondiente y que acostumbramos a traducir por «habitó». Estamos ante la culminación de todos los ensayos de esta habitación de Dios en medio de los hombres. Ensayos que recoge el Antiguo Testamento cuando habla de la tienda, el templo, el tabernáculo... Para poner más de relieve todo el acontecimiento se contrapone a Jesús, el verbo hecho carne, con Moisés. Por Moisés vino a Ley, que era considerada como la garantía de la gracia y fidelidad de Dios para con su pueblo. Por Jesús vino la gracia, pero una gracia incalculable, «gracia sobre gracia».



REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

El evangelista Juan, al hablarnos de la encarnación del Hijo de Dios, no nos dice nada de todo ese mundo tan familiar de los pastores, el pesebre, los ángeles, el Niño con María y José. Él se adentra en el misterio y nos lo presenta desde otra perspectiva. Nos dice que en Dios estaba la Palabra, que es comunicación y revelación. En esa Palabra había vida y luz. Esa Palabra puso en marcha la creación entera. Nosotros mismos somos fruto de esa Palabra. Esa Palabra, ahora, se ha hecho carne y ha acampado entre nosotros.

A nosotros, todo esto nos sigue pareciendo demasiado hermoso para ser verdadero. ¡Un Dios hecho carne, identificado con nuestra debilidad, respirando nuestro aire, caminando con nosotros, sufriendo nuestros problemas! Y seguimos buscando a Dios arriba en los cielos, cuando está abajo en la tierra. Y seguimos persiguiéndole fuera, sin acogerlo con fe en nuestro interior. Una de las grandes contradicciones de los cristianos es confesar con entusiasmo la encarnación de Dios, y olvidar luego que Cristo está en medio de nosotros. Y, sin embargo, después de la encarnación, a Dios sólo podemos encontrarle entre las personas, con las personas, en las personas.

El «acampó entre nosotros» hace referencia a la «Tienda de la Alianza», en la que Dios tenía su morada cuando el pueblo de Israel caminaba por el desierto. Como la antigua, la nueva tienda en la que Dios mora y se manifiesta (Jesús de Nazaret) supone un pueblo en camino, una Iglesia en camino, una comunidad en camino, una humanidad en camino. Jesús no crea un nuevo templo, masa estática y fija; los suyos están en camino hacia el Padre. Caminan en la historia con la precariedad, el riesgo y la aventura que supone la tienda, y con la seguridad de su presencia y acogida.

No se puede decir nada más inaudito en palabras más sencillas. Dios ha venido al mundo. A Dios no hay que buscarlo en lo alto del cielo, gobernando el cosmos con poder inmutable o dirigiendo la historia de los hombres con mirada indiferente. Dios está aquí, con nosotros, entre nosotros. Dios está precisamente donde los seres humanos hemos dejado de buscarlo: en nuestra carne, en nuestra impotencia, en nuestro dolor, en nuestras alegrías y esperanzas.

No es una metáfora piadosa decir que, hoy, Dios no tiene casa en los campos de refugiados, muere de hambre en Etiopía y Somalia, sufre el odio y la guerra en todas las zonas conflictivas de nuestro planeta, se siente despojado en el Sur, está en paro entre nosotros, y apenas puede nacer en los 40.000 niños que mueren de hambre cada día en el Tercer Mundo... Tan inaudito como todo esto es decir que nació pobre en Belén, fue maltratado por la vida y terminó ejecutado por el poder religioso y político en el extrarradio de Jerusalén.

A veces, nuestra fe y espiritualidad nos separan de la tierra y nos alejan de él, cuando él hizo todo lo contrario: «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros». Dios ha bajado a lo profundo de nuestra existencia, y la vida nos sigue pareciendo vacía. Dios ha acampado entre nosotros, y parece estar totalmente ausente de nuestras relaciones. Dios ha asumido nuestra carne, y seguimos sin saber vivir debidamente lo carnal. Dios se ha encarnado en un cuerpo humano, y olvidamos que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu. Su amor y lealtad se han hecho realidad, y nosotros sólo percibimos negatividad. Se nos ha comunicado la vida y la luz, y nosotros seguimos caminando por caminos de muerte y oscuridad...

Quien cree en el misterio de Dios, en su encarnación, quien da su adhesión a Jesús, siempre ve algo y siente haber recibido algo. Ve la vida envuelta en gracia y verdad, en amor y lealtad. Tiene en sus ojos una luz que brilla en medio de las tinieblas y las traspasa para descubrir, en el fondo de la existencia, en el fondo de la humanidad, la presencia del Dios encarnado, de su Palabra llena de vida y positividad que lo envuelve todo.

Muchos cristianos parece, sin embargo, que siguen apegados a la ley y a las tinieblas. Así es imposible ver y conocer a Dios y ser testigos de la luz. Sólo quien da su adhesión a Jesús y lo contempla en su encarnación puede vivir en positividad y ser testigo del amor y lealtad de Dios. Este texto evangélico nos invita a ver, conocer y contemplar el misterio de Dios encarnado y a ser testigos de ello. Somos los enviados por Dios, al igual que Juan, para dar testimonio, «porque de su plenitud todos hemos recibido».



COMPROMISO DE VIDA

Todo el mensaje que estos días de Navidad nos ofrecen es inmenso; posiblemente, nos sobrepasa. De ahí que sólo una actitud de contemplación y adoración pueden “acercarnos” a lo nuclear, al centro.

- Me tomaré un rato para ESTAR MIRANDO -una vez más-, un belén: cada detalle, cada sugerencia, cada insinuación... Este momento terminaré leyendo despacio el texto evangélico de hoy: Juan 1, 1-18.

- Me llevaré el “Comentario” que se me ofrece en esta misma Página (u otro similar) y trataré de entender y profundizar las reflexiones que se me proponen. Sacaré mis PROPIAS conclusiones.

- Como compromiso: me ejercitaré en descubrir la presencia y la encarnación de Dios en los “ROSTROS” de las personas que me rodean y comparten la vida con nosotros. Dedicaré a este ejercicio un tiempo adecuado.

- Terminaré este día de Navidad con la ORACIÓN “Credo confiado” que se me ofrece a continuación y la volverá a repetir durante estos días.



ORACIÓN para esta SEMANA

CREDO CONFIADO

Creo en Dios, Padre y Madre,
aunque muchos digan que es sólo una proyección
de mi cultura o de mis necesidades y sueños,
y vivan bien sin creer;
aunque tantos no vean su necesidad
y lo consideren retro, necio y vano;
aunque se estilen otros credos;
aunque parezca mucho creer y me llamen loco.

Creo en Jesús de Nazaret,
su Hijo predilecto,
su palabra,
su presencia entre nosotros,
su tienda de la alianza,
testigo cierto de su amor y lealtad;
carne de nuestra carne,
despojado de su rango,
expulsado de su casa,
crucificado con saña...,
pero resucitado por el Padre.

Creo en su Espíritu,
dador de vida y libertad
desde siempre y para siempre,
que renueva y vivifica todo,
capaz de suscitar, hoy, en nuestra sociedad,
personas veraces y justas, tiernas e íntegras,
testigos leales de la vida y el amor,
hijas e hijos de Dios solidarios.

Por eso creo, también,
en la vida, a pesar de las heridas;
en la amistad, por encima del poder y de la sangre;
en la fraternidad, aunque surjan clases y diferencias;
en la solidaridad, a pesar de egoísmos y necedades.

Creo que el amor es más fuerte que la muerte.
Creo que tiene sentido ser bueno, tierno y honesto.
Creo que merece la pena confiar en las personas.
Creo en tu dignidad y en la mía.
Creo que me puedes ayudar.
Creo que nos espera algo insospechado.
Creo que Dios supera todos mis sueños.
Creo que soy hechura suya.
Creo que él rebasa mi credo...